Luis Celaá Morales.
El corazón es un territorio sin ley, un viento que cambia de orilla sin pedirle permiso a la lógica. Siente antes de que el pensamiento amanezca, adelantándose siempre al juicio, corriendo descalzo por campos que aún no conoce.
Pero sentir no basta para no romperse. La paz del alma exige algo más: conciencia para escuchar el latido y responsabilidad para no forzar la nota. El desamor es, muchas veces, el eco de una verdad que no quisimos atender a tiempo.Y en medio de ese caos, están los corazones que no saben de dobleces. Esos que caminan por senderos de espinas pensando que son rosas, porque su propia luz les impide ver la sombra ajena. Son almas especialistas en la entrega y analfabetas en la malicia; corazones que caen en la trampa no por debilidad, sino por la hermosa incapacidad de imaginar que alguien pueda dañar... a quien solo sabe amar.

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